Siempre he defendido que el auténtico motor de la historia es el caos. Las tendencias sociales y económicas son casi imparables. Los grandes personajes ejercen su papel estando en el lugar adecuado en el momento adecuado (o inadecuado). Pero al final es el azar, la causalidad, lo que acaba empujando las cosas hacia un lado u otro.
Si Colón hubiera muerto de apendicitis en 1490, si a Franco le hubieran volado la cabeza en el Rif en vez de un testículo, si a Hitler le hubieran admitido en la academia de arte… Y con la vida de cada persona ocurre lo mismo. No sé qué habría sido de mí en otras vidas, tomando otras decisiones. Pero estoy en esta y me gusta, y llegué a ella de la siguiente manera, gracias en buena parte al azar: